La Dimensión Social de la Vida Humana

La experiencia histórica corrobora la estrecha correlación entre dos condiciones existenciales de los individuos: ser-hombre y vivir-en-sociedad.

La sociedad es, pues, el ambiente o medio natural de la existencia humana, pudiendo afirmarse que la vida del hombre es verdaderamente humana en la medida en que se realiza dentro de la sociedad, en la medida en que es convivencia, interacción.

En efecto, la vida de cada hombre se desarrolla y se consolida en la acción. Al actuar, el hombre tiene que salir necesariamente de los límites existenciales de su individualidad, irrumpiendo en un mundo exterior a su propio yo.

Así, la vida social es una realidad que presenta una doble significación. Por una parte, se muestra como algo natural e inevitable, y, por otra, aparece como un fenómeno puramente artificial, en cuanto que es el resultado de una decisión explícita y planificada de los hombres.

Todos los individuos humanos tenemos necesidad vital de la sociedad, por cuanto necesitamos continuamente un sinfín de soluciones y remedios, dependiendo, de alguna manera, de otros individuos que pueden contribuir con sus aportaciones a la solución de nuestras necesidades de naturaleza biológica o natural. Y, a su vez, estos individuos están también en dependencia frente a nosotros mismos y frente a otros para poder cubrir sus propias necesidades de naturaleza biológica o cultural.

Por eso, la vida humana está profundamente vinculada a los mecanismos que determinan la estructura y el funcionamiento de la propia sociedad. ¿Qué mecanismos son esos? Al menos, estos 3: unidad de acción, cooperación e integración

Unidad de acción

El sistema básico de relaciones sociales que canaliza la vida de cualquier sociedad comporta, en primer lugar, una mínima unidad de acción entre la mayoría de sus miembros, ya que en caso contrario la dispersión reinante dinamitaría los cimientos del sistema social.

Cooperación

El logro de esa unidad de acción exige una participación común de los elementos fundamentales que sustentan la vida social, es decir, exige una estrecha y constante cooperación.

Integración

Esta cooperación constante es la que hace que en todos los grupos sociales estables se dé la integración imprescindible para mantenerse. La conservación de la vida social exige que los individuos acepten y desarrollen conjuntamente unas formas básicamente coincidentes de pensar, valorar y actuar frente a las necesidades y objetivos fundamentales de la colectividad. De este modo, el lenguaje, las creencias religiosas, las concepciones filosóficas, los idearios políticos, la actividad económica, los cánones artísticos,... o cualquier otro ámbito de manifestación de la actividad social tiende a actuar como nexo de unión que refuerza el funcionamiento de la vida social.

Por tanto, estos tres son los factores imprescindibles para un correcto funcionamiento de la vida social, dado que sólo esos factores pueden contrarrestar eficazmente las tendencias disgregadoras que acompañan a la gran multiplicidad de individuos y de grupos menores que incluye toda sociedad y al permanente conflicto de concepciones, plantes de vida e intereses que tales individuos y grupos general. Sin la permanente acción de esos factores, resultaría prácticamente imposible garantizar la viabilidad de los proyectos comunes de vida que son inherentes a cualquier colectividad.

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